La hija dijo la verdad (la oligarquía destruyendo la industria nacional)

 


Mientras la dirigencia rural se rasga las vestiduras por una frase incómoda, el modelo que defiende ya logró lo que dice combatir: dejar al argentino sin carne. No hizo falta veganismo. Alcanzó con la lógica de siempre.

La hija de Marcos Pereda, vicepresidente de la Sociedad Rural Argentina, dijo en un programa de streaming que su padre "sabe que el futuro tiene que ser sin carne". El padre, precandidato a presidir la entidad, salió corriendo a X a desmentirla. Tarde. Los números ya habían firmado la confesión.

El consumo de carne vacuna cayó a 44,5 kilos por habitante en abril de 2026, el nivel más bajo en veinte años. En 2006 era de 63,4 kilos. Casi veinte kilos menos por argentino. El kilo en Buenos Aires llegó a $18.500, más de 13 dólares. La carne subió 56,8% en 2025 contra una inflación del 31,5%. Mientras tanto, las exportaciones crecieron 15,7% en el primer cuatrimestre y el consumo interno se desplomó 14%. 

Esto no es un accidente climático. Es un modelo. Cada tonelada que sale a China o entra en el cupo recién ampliado a Estados Unidos es una tonelada que se va de la carnicería de Lanús, de Resistencia, de Cosquín. La SRA llama a esto "conquistar mercados". El obrero que cambió el asado por la milanesa de pollo lo llama de otra manera.

Conviene refrescar la memoria. La Sociedad Rural no es una asamblea de productores: es la representación histórica de la fracción terrateniente que aplaudió el golpe del 76, que se opuso a cada intento de redistribución de la renta agraria desde Yrigoyen hasta hoy, que cuando habla de "el campo" excluye al peón rural, al pequeño criador del norte, al tambero quebrado. Es la misma casta que se rotó la presidencia entre apellidos durante siglo y medio y que ahora llama "Renovación con Unidad" a la pelea interna entre Pereda y Pino por administrar el mismo statu quo.

El obrero del frigorífico ajusta turno. El matarife del interior cierra. El changarín cobra menos que la inflación. Y los Pereda, los Pino, los Zuberbühler discuten quién pone la firma al pie del próximo lobby por retenciones.

La hija habló sin querer. Dijo lo que el padre necesita esconder en plena campaña: que el futuro sin carne para el argentino ya llegó, y que lo trajeron ellos. No con militancia vegana. Con exportación, concentración y precios dolarizados.

El asado fue un derecho. Hoy es un privilegio. La diferencia no la firmó una diseñadora de moda en un streaming. La firmaron, durante décadas, los que dicen defenderlo.

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