Schiariti: el gran vendedor de humo y mentiroso
Schiariti: el presidente de la nada
CICCRA no tiene socios.
Pero tiene silla en el IPCVA, informe mensual y micrófono en la tele.
No tiene frigorífico. No faena una vaca. No emplea un solo operario de planta.
Pero cada vez que sube el precio del asado, ahí está Miguel Schiariti en cámara, presentándose como “presidente de la Cámara de la Industria y el Comercio de Carnes”. Suena imponente. Suena a poder. Suena a cientos de frigoríficos respaldando cada palabra. Pero no.
En la Argentina hay 360 puntos de faena y 4.450 operadores registrados. CICCRA, en su mejor momento declarado, dijo tener “alrededor de 20 miembros”. Veinte. El 5% de la industria, siendo generosos. Y hoy ni eso: según la investigación de Bichos de Campo publicada en marzo de 2026, tanto CICCRA como CADIF “se han quedado prácticamente sin empresas asociadas”. Una cámara empresaria sin empresas. Un presidente sin representados.
Un traje vacío con micrófono.
“Pseudo-empresarios marginales e inescrupulosos tras la pantalla de falsas cooperativas de trabajadores.”
Eso dijo Schiariti sobre otros. Eso lo describe a él.
Pero lo más notable no es la cámara vacía. Es la carrera que construyó desde ella. Schiariti fue simultáneamente presidente de CICCRA y director ejecutivo de CADIF, otra cámara del IPCVA que hoy tampoco tiene socios reales. Dos sellos, un hombre. Desde esa plataforma doble llegó a la vicepresidencia del IPCVA, el organismo que administra los aportes obligatorios de toda la cadena de ganados y carnes. El ganadero de Corrientes y el frigorífico de Santa Fe pagan; Schiariti se sienta en la mesa.
En diciembre de 2022 renunció a CADIF, pero en marzo de 2026 reapareció: ahora como suplente de CADIF en el IPCVA. No por CICCRA, su cámara: por CADIF, la cámara que preside Ángel Vitale, cuestionado por los ex socios históricos que denuncian que se la apropió con un acta falsificada.
Schiariti cambia de camiseta según el fixture. Lo único constante es la silla.
Su arma es el Informe Económico Mensual de CICCRA: un PDF que compila datos públicos de SENASA y la Dirección de Control Comercial, lo empaqueta con el sello de la cámara, y se lo sirve gratis a los medios.
Los periodistas lo citan como si fuera la estadística oficial del Estado. No lo es. Es un documento privado de una entidad sin socios. Pero funciona: cada cita le regala legitimidad, y esa legitimidad le paga la silla. El círculo se cierra perfecto.
Y aquí la ironía final: Schiariti construyó su carrera pública denunciando a las pseudo-cooperativas frigoríficas —entidades pantalla que usan una figura legal para capturar rentas sin respaldo real—. Las palabras que usó en solicitadas de La Nación para denunciar a otros describen con precisión quirúrgica lo que él practica: operar desde una fachada institucional que ya no nuclea a la industria que dice representar, para cobrar estipendios, acumular visibilidad y ejercer un poder de interlocución que no le corresponde.
Lo sabe todo el mundo de la carne. Lo saben las cuatro entidades de la Mesa de Enlace. Lo sabe la Secretaría de Agricultura. Lo sabe el IPCVA. Y sin embargo, en la asamblea del 30 de marzo de 2026, todos votaron, nadie objetó, y el acta se firmó.
La pregunta que falta es simple: ¿cuántos socios tiene CICCRA hoy? Si la respuesta es digna, que la publique. Si no lo es, que devuelva la silla.

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