Pasajes en primera (mujer incluída), pagados por el campo: el caso Georges Breitschmitt en el IPCVA
Mientras los productores ganaderos argentinos enfrentan retenciones, costos logísticos en alza y márgenes cada vez más ajustados, en el Instituto de Promoción de la Carne Vacuna Argentina (IPCVA) hay quienes parecen vivir otra realidad.
Georges Breitschmitt, funcionario del organismo, habría viajado recientemente a París en un vuelo de Air France —en primera clase— acompañado por su esposa. Ambos pasajes, alojamiento y gastos: todo pago con fondos del instituto. Primera clase para dos, cortesía del campo argentino.
El IPCVA se financia con aportes obligatorios de los productores: cada cabeza faenada tributa para sostener la promoción de la carne argentina en el mundo. Esos recursos no son del directorio ni de sus funcionarios, y mucho menos de sus familias. Son del campo.
¿Qué justificación institucional tiene que la esposa de un funcionario viaje a París con todo pago? ¿Qué rol cumple en la promoción de la carne vacuna argentina? La respuesta es obvia: ninguno.
El caso recuerda inevitablemente a otro episodio reciente de la vida institucional argentina: el escándalo Adorni, donde el manejo discrecional de recursos terminó bajo la lupa mediática y judicial. Las similitudes no son casuales: instituciones capturadas por dirigencias que confunden representación con privilegio personal.
La pregunta es inevitable: ¿quién controla cómo se gasta en el IPCVA? ¿Quién firma la autorización de un pasaje en primera clase para el cónyuge de un directivo? ¿Existe algún mecanismo de auditoría que funcione, o el instituto opera como caja discrecional de su conducción?
El sector ganadero necesita un IPCVA al servicio de la cadena de valor, no convertido en agencia de viajes premium para directivos y sus familias. Es tiempo de renovar la presidencia del organismo y exigir transparencia real en el uso de los fondos que aportan los productores.
Editor: VERDAD GANADERA

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